19 Jun
Planteamientos básicos de guión
Tengo que reconocer el gran impacto que “El Guión” tuvo en mi percepción del lenguaje cinematográfico cuando lo leí a los 17 años, y ahora lo recuerdo por lo útil que está siendo en el desarrollo de los guiones que me toca escribir de la Segunda Temporada.
Al ir avanzando por sus páginas (a través de una cierta autocomplacencia por parte del autor que no vi en su momento) se fueron creando conexiones en mi cabeza que daban sentido repentino a cientos de horas de cine vistas en mi vida, y mucho más allá.
El esquema de los tres actos fue para mi una revelación.
“¡Así se cuentan las historias para que tengan sentido”, pensé. Aunque nunca acepté, como también dice McKee, que los guiones debieran seguir una estructura pragmática en todo momento.
La forma tan clara de explicarse y estructurar la construcción de historias y personajes es un modelo muy claro para hacer las cosas bien y tener lógica narrativa, algo que a los primerizos nos falla constantemente en cuanto encontramos una idea que nos gusta y nos perdemos en ella.
Porque hay cosas tanto o más importantes que una idea original.
La mayoría de jóvenes escritores o realizadores confundimos con frecuencia ambas profesiones. Comenzamos a escribir con una idea que nos ha gustado mucho estéticamente, o que nos parece una forma original de abordar un tema. Es muy frecuente tener ideas para grandes finales o para detonantes muy buenos.
McKee nos enseña que hay algo más importante que todo esto.
Necesitas una evolución, un sentido total, una gramática. Necesitas que tu historia no se pierda en un recurso interesante sino que cada escena tenga sentido por sí misma y en un conjunto mayor que a su vez forma parte de un conjunto con un significado superior y una evolución de personajes significativa.
“El Guión” nos enseña muchas cosas cuando no sabemos nada pero creemos que lo sabemos todo. “El Guión” nos da la perspectiva suficiente para comprender la complejidad que conlleva narrar bien una historia (que no es lo mismo que ser original). Cuando no sabemos nada nos dice que hay mucho por saber.
Con el paso del tiempo y la asimilación de los conceptos que propone, descubres otras cosas por tu cuenta.
“El Guión” es solo el principio de un universo de posibilidades narrativas, y es posible tacharlo como una forma de “escribir guiones de los años 50”. Te da las claves para la estructura de tres actos y todos los trucos de guión que llevamos décadas viendo.
Hay mucha gente que considera que McKee está chapado a la antigua, y es posible criticarle el hecho de ser puramente un teórico sin trabajos reales que avalen su supuesta perfección narrativa.
Sin embargo, hay que entender “El Guión” como un principio refutable.
En sus mismas páginas habla de ello: esta es la forma de contar buenas historias como siempre se han contando, no la única forma.
“El Guión” funciona no solo como el primer libro de guión que debes leer en tu carrera como guionista, sino como un libro de cabecera para recordarte que sigues en el camino de las historias que tienen sentido.
Muchos guionistas (que en realidad son directores) pretenden perderse en la poesía o en las nuevas narrativas como si no existiera nada más. Como si su percepción, alimentada con películas Indie y cine de culto fueran más que suficientes para hacer algo consistente.
La virtud está en descubrir que hay una forma básica de contar historias de forma que todo el mundo pueda entenderlas (presentación de personajes, detontante, desarrollo, clímax del último acto y desenlace). Puedes obviar cada una de las partes, darles la vuelta y contarlas como quieras hacerlo. Pero tienes que saber que esas partes existen y cumplen una función esencial para que el espectador entienda, aprecie y se emocione con lo que quieres contar.
También es cierto que, a la hora de escribir, todas las guías y estructuras tienden a desaparecer, y no es peor guionista quien se deja llevar por la imaginación.
Las reglas que propone “El Guión” funcionan mucho mejor a la hora de analizar un trabajo que a la hora de escribirlo, y eso también hay que tenerlo en cuenta.
Es una de las razones por las que el trabajo de guión es tan complejo. Tienes que saber estructurar, tener conocimientos de cómo cada palabra y diálogo afecta a cada fragmento del guión…
Pero, a fin de cuentas, solo puedes sentarte y… escribir.


